LA VISION DE LA IGLESIA CRISTIANA»

¿Cual debería ser?

Cuando tomo posición por alguna situación particular que sucede en el mundo, como con Venezuela, Siria, Medio Oriente, USA, Argentina misma, etc. siempre lo hago desde un lugar espiritual, interpretando las Escrituras, las profecías, la voz de Dios para el mundo, no soy un analista político.

Exponiendo el porque de lo que sucede, las causas políticas o sociales de ese país hermano, los intereses internacionales que se mueven, lo que la gente común no puede ver a simple vista.
La voz de la Iglesia (aunque suene pretenciosa) debe ser la voz de Dios al mundo, la Iglesia no fue llamada a militar políticamente, eso debemos dejar para los entendidos, la influencia y participación del pueblo cristiano debe ser espiritual, las batallas se deben ganar en las arenas espirituales, utilizando las «armas espirituales»:

«Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Corintios 10:4)

«…en armas de justicia a diestro y a siniestro» (2 Corintios 6:7)
«…vistámonos las armas de la luz» (Romanos 13:12)

La iglesia no debiera identificarse con ningún poder de turno, no debiera embanderarse jamás, porque sabemos como se manejan los reinos de este mundo, la ambición, el poder, el dinero, los intereses personales, el egoísmo humano, motivaciones humanas, los cristianos tenemos otros propósitos, sin olvidar las profecías que TODOS los sistemas de gobiernos humanos están destinados a fracasar, derecha, izquierda, centro, ultra, democracia, socialismo, monarquías, etc.

¿Por que razón no se escucha la voz de la Iglesia? Cuando el tiempo profético acerca de la venida del Señor y de los últimos tiempos, se despliegan por todo el mundo, cuando quienes conocemos las Escrituras sabemos lo que va a ocurrir, y no precisamente por análisis sociológicos, humanistas o políticos, sino por revelación de Dios.
Tengo mi propio diagnóstico del asunto, primero: porque la Iglesia de este siglo se ha vuelto mundana y apostata, (ni siquiera creen que Cristo viene), segundo: al ser mundanas, se manejan con las mismas ambiciones, hambre de poder, intereses económicos y egolatría que el resto; tercero: la iglesia perdió la visión (una ironía en este tiempo de proliferación de auto nominados «apóstoles y profetas») Cuarto: Si le ofrecen a cualquiera de estos «líderes» un cargo político, sin dudarlo, ni pensarlo dos veces, aceptarán diciendo: «Dios me levantó», «Dios me bendijo». ¿Pueden creer que Dios llame y levante un Pastor para ocupar una banca en el Senado?…(Disculpen mi incredulidad)
Dejando las excusas bíblicas de José en Egipto, Daniel en Babilonía, Esther y otros, solo bastaría tener muy presente las palabras de Jesús:

«Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí» (Juan 18:37)

«Mis siervos pelearían…»
Se sobre-entiende: participarían, reclamarían, irían a las marchas, las protestas, competirían para acceder a puestos de gobierno, militarían, combatirían a los «Herodes» (de turno) se afiliarían y afiliarían sus congregaciones.
No debería sobrar el ejemplo de la iglesia de Roma a través de los siglos de su historia, y el resultado de sus alianzas con el poder.

La Iglesia batalla en el mundo espiritual, la dimensión que mueve el mundo físico, utiliza la «espada del Espíritu» (la Palabra de Dios) las oraciones, ayuna, dobla sus rodillas, ilumina, influye con su testimonio, sus valores, sus principios, lo llena todo del evangelio de Cristo.

Acaso no tenemos en las Escrituras testimonios de hombres y mujeres, que cambiaron leyes, trastornaron gobiernos, quitaron reyes de sus tronos, volvieron naciones a Dios, ¡únicamente! utilizando las armas de nuestra milicia.
Si, la Iglesia debe denunciar el pecado de los gobiernos, la corrupción de los poderosos, no juntarse a compartir un almuerzo social, no solo a regalarles una biblia, y darles un abrazo, no a buscar alguna prebenda o beneficio para sus congregaciones, no a fotografiarse al lado de esos poderosos, porque delante de Dios, se convierten en cómplices de sus pecados, participantes de sus maldades, se llama «Pecado de omisión».
Así como entró la ambición por el poder y el dinero, entró la «diplomacia» en las relaciones Iglesia y sociedad, no es correctamente político decirles a los gobernantes que deben arrepentirse.
Bueno, casi no es correctamente político decirle a nadie que debe arrepentirse. (es muy religioso y arcaico)

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